viernes, 7 de marzo de 2008

Detalles

De la crónica de Eduardo Mendoza de Chesil Beach, de Iac McEwan, publicado en Babelia, el sábado 1 de marzo de 2007,
"No es preciso que un escritor atribuya carácter simbólico a los detalles, ni siquiera que repare en su posible interpretación. En una obra coherente los detalles adquieren valor simbólico en la conciencia del lector, tanto si lo busca como si no, y este simbolismo de los detalles, sobre todo si no es explícito, es lo que da grosor al relato y lo diferencia del mero atestado."

domingo, 2 de marzo de 2008

No es pais para viejos


La verdad es que soy un fan del cine de los Cohen desde que hace ya unos cuantos años conseguir ver Sangre fresca, su primera peli, de la cual todavía recuerdo dos o tres escenas que me impactaron. Los he seguido con dedicación, y pienso que Muerte entre las flores, Barton Fink y El hombre que nunca estuvo allí son historias magníficas. Me gusta su mirada sobre las cosas y sobre las personas, esa manía que tienen de fijarse en tipos raros y violentos. No me acaban de convencer sus comedias salvo Arizona Baby. Y todo esto no me sirvió de mucho para prevenir lo que iba a ser No es pais para viejos.

He aquí una película extraña. Una historia cruel, violenta, pero que al mismo tiempo te engancha desde el principio. Una historia que no solo se ve, que casi se huele: el polvo, la sangre seca, el sudor. Una historia que se respira, con un ritmo que se convierte en implacable. No hay humor, solo una negrura luminosa que persigue a todos los que aparecen en ella, desde asesino al que interpreta Javier Bardem hasta el sheriff cansado que retrata con precisión milimétrica Tommy Lee Jones. Dicen los que han leido la novela de Cormac McCarthy que la adaptación es ejemplar. De cualquier manera es una película que te congela la respiración. Tiene, eso si, una conclusión extraña, como he dicho al principio, una especie de contra-climax que desarma todas las espectativas puestas en ella ya que cambia el punto de vista con el que está contada de forma radical. Si casi toda la historia se cuenta desde la peripecia del personaje de Josh Brolin, al final miramos desde los ojos de Tommy Lee Jones, de manera que el suspense se convierten de repente en elegía e incomprensión. El mundo, parece decirnos este personaje, no tiene sentido, ni lógica, ni reglas. El mundo es cruel, violento, absurdo. No hay reglas. No hay nada.

La carrera se convierte en quietud, y lo que queda es un desasosiego amargo.

Nada es como debería haber sido.

Quizá por ello me gusta tanto esta historia.

sábado, 16 de febrero de 2008

La vida cotidiana




¡Qué dificil es contar en una novela la vida cotidiana!, las cosas pequeñas, los detallicos que nos van construyendo y que se convierten en nuestras sombras y nuestros cimientos. Así a voz de pronto, recuerdo dos en las que esta vida de todos los días va hilando la trama: Mauricio, o las elecciones primarias, de Eduardo Mendoza, y Dientes de leche, de Ignacio Martínez de Pisón, que acabo de terminar. Si la primera es un retrato de la Barcelona de principios de los ochenta, la segunda es más ambiciosa al cubrir cuarenta años de las vidas de los Cameroni, una familia de Zaragoza cuyo fundador, Raffaele Cameroni, es un italiano que viene a España durante la guerra civil para combatir del lado nacional y que se queda huyendo de una vida que no quiere vivir para adentrarse en la creación de una familia y los laberintos de la vida cotidiana. La novela de Martínez de Pisón centra su mirada en un cúmulo de pequeñas historias que van haciendo avanzar el tiempo y las relaciones de los miembros de la familia, historias que aún siendo contadas en un tono amable, cubren todo tipo de momentos, alegres y terribles, traiciones y decisiones que nos marcan más de lo que somos capaces de reconocer. Además, de esta mirada surgen momentos de gran belleza y profundidad que apenas creeríamos mínimamente interesantes a la primera pero que se revelan clave de los acontecimientos.


La novela de Mendoza es otra cosa aún siendo algo muy parecido, la crónica de aquellas decisiones que tomamos en momentos que no sabemos decisivos pero que acaban siéndolo, y el retrato de una ciudad, Barcelona, desde las conversaciones de los personajes. Mauricio es, a priori, un tipo sin chicha ninguna, dentista, un pelín soso, y sin embargo sus anti-aventuras te enganchan por que te ves un poco en lo que hace, y de forma casi inconsciente, acabas tomándole cariño. La prosa de Mendoza es divertida y tierna, con un diálogo casi constante, con mil peripecias extrañas pero que forman parte del día a día de sus protagonistas.


Estas dos novelas son, de forma extraña, novelas de aventuras. Ahora bien, de ese tipo de aventuras que no tienen apenas gloria y hazañas pero sí detalles para construir la memoria.


domingo, 27 de enero de 2008

Libre albedrío


Hace algún tiempo comenté el último libro de Kurt Vonnegut, que consistía en una colección de opiniones a modo de mini-ensayo por parte de este autor tan raro como lúcido en su forma de ver el mundo. Tras su muerte hace algunos meses intenté localizar alguna de sus novelas en las librerías a las que suelo ir, y no me fue sencillo dar con él. Aunque muchos de sus libros fueron editados en España hace tiempo (la mayoría por Bruguera y Anagrama), resulta toda una aventura rescatar alguno de estos títulos en el proceloso mar de lo descatalogado. Pero por suerte, encontré de refilón El desayuno de los campeones, novela editada por Anagrama a raíz de que Alan Rudolph hiciera una adaptación al cine de la misma hace algunos años.
No me imagino cómo será la peli, la verdad, por que esta novela es imposible de contar. Y por eso mismo, creo que refleja muy bien una sensación de desasosiego, o más bien pánico, ante lo que nos rodea. La trama tiene que ver con el encuentro entre dos tipos raritos, Kilgore Trout, un extraño escritor de ciencia ficción que envía sus obras a editoriales que las publican en revistas pornográficas, y Dwayne Hoover, un vendedor de coches que enloquece y necesita una razón para entender el mundo. Vonnegut no niega el caracter de ficción de estos personajes, e incluso mete dentro de la historia a su creador, un escritor harto de todo que se llama Philboyd Studge y que se mueve dentro de su propia historia con un propósito que sólo conoceremos al final.
Como digo, la trama es lo de menos por que Vonnegut retrata con humor salvaje su pais y a sus compatriotas y, de paso, a todos nosotros, perdidos en un mundo sin ningún sentido. Y así vemos pasar historias delirantes, personajes que tienen una mezcla de locura y lucidez, las obras de Kilgore Trout que, aunque no tiene ni idea de ciencia, retrata la extrañeza de lo que ve con metáforas brillantes. Esta historia trata de cómo somos, de cómo nos sentimos (aunque no lo recoznocamos), de la posibilidad de ser libre o no serlo, de paradojas y libre albedrío, del caos, de cómo contar una historia o no hacerlo.
Y aunque hay risas, éstas son las de aquellos que enloquecen por no ponerse vendas en los ojos.

sábado, 19 de enero de 2008

Portugueses 1. Cementerio de Pianos



Siento una extraña debilidad (bueno, todas las debilidades son extrañas), por los autores de literatura portugueses. De entre los más nuevos que han sido traducidos leí no hace mucho Cementerio de pianos, novela de Jose Luis Peixoto publicada en El Aleph. Lo que más sorprende en esta historia es cómo está contada: dividida en dos puntos de vista, padre e hijo de una misma familia, no sigue una narración lineal sino que muestra de forma desordenada la evolución de una historia que parece negarse a evolucionar. El padre es carpintero y, entre sus cometidos está el de reparar pianos, de los cuales posee una colección de esqueletos, fósiles, enfermos y moribundos en ese cementerio que da título a la novela. Su voz es la que nos cuenta, desde su muerte, nada más empezar la historia, la formación de su familia y la vida de sus hijos. Uno de ellos continuará su oficio y también será corredor de maratón. El hijo es la otra voz, la que nos lleva desde sus pensamientos durante una carrera a continuar hacia los posibles futuros.
Esta novela es de las que te deslumbran en la forma. Una vez que asumes como te son contadas las cosas logras avanzar, un poco a ciegas, recomponiendo una especie de puzle, donde las piezas son las vidas de unos personajes humildes, golpeados por unas vidas duras donde el dolor se mezcla de forma casi indistinguible a veces con la alegría. Es por ello una historia de contradicciones donde la prosa es magnífica, atenta a los detalles, con un ritmo que te lleva y te mece, que te golpea, que te hace cuestionarte la forma en la que miras a las criaturas de Peixoto y su paso por el amor y la muerte, las dos grandes ideas de una historia ambiciosa.
Si tuviera que ponerle pegas, está una confusión en algunos momentos que hace que no te creas algunos de los pasajes de la historia, y un peso (quizá) excesivo de la tragedia en la vida de sus personajes, como una losa de la que no hay escapatoria. Pero las pegas son resultado de la ambición de la novela, que es mucha, y de la juventud de Peixoto. En este sentido parece que a veces pasan cosas por que el autor así lo quiere, pero no pasan esas cosas simplemente por que tengan que pasar.
De nuevo, lo que más me ha sorprendido es el lenguaje, el retrato de unas vidas cotidianas y llenas de sombras, la idea de que el destino nos ata a una carrera sin sentido, cristales y también, donde menos te lo esperas, música de piano.

domingo, 13 de enero de 2008

Desapariciones


Acabo de terminar La desaparición de Majorana, de Leonardo Sciascia, en Tusquets. Ettore Majorana fue un brillante físico italiano, contemporaneo y colega de Enrico Fermi, que desapareció o se suicidió en 1938 dejando tras de sí múltiples interrogantes. Genio de la ciencia, le tocaron los primeros años del siglo XX en los que se re-inventó la física, y de paso, la realidad al completo. Majorana fue amigo de Heisenberg y Sciascia sugiere que pudo intuir hacia donde se dirigían los descubrimientos de la física en esos años de pre-guerra, hacia un horror nuclear del que él no quería ser complice. La maquinaria de la guerra no podía ser detenida y la posibilidad de que llegara a unos límites que ni tan siquiera pudieran ser imaginados puede que le llevara a desaparecer, para así no ser parte de esa conspiración contra la vida que fue la creación de la bomba atómica. Su mente privilegiada comprendió que la raiz de la creación en la que estaba inmerso, la nueva física, podía abrir posibilidades terroríficas, pero su obra era también su vida, las dos estaban unidas hasta el extremo de ser la misma cosa, por lo que dejar una implicaba dejar la otra.

Este librito tiene una capacidad de generar muchos ecos. En él aparecen desde consideraciones sobre el hacer de la ciencia, la raiz del genio creativo, los años del fascismo en Italia, el famoso proyecto Manhattan y sus implicaciones morales y, sobre todo, la oscuridad que rodea a su desaparición, cómo pudo planearla y cuáles pudieron ser sus razones.

En él aparece citado otro caso de desaparición, el del matemático francés Evariste Galois que murió a consecuencia de un duelo en 1832 a la edad de 21 años. La noche anterior al duelo, que Galois cree que será su fin, éste se la pasa escribiendo, con la urgencia del tiempo que se escurre, que no puede ser detenido, y al mismo tiempo, con la urgencia de contar en el papel los rasgos de su obra, de su pensamiento que sabe importante, de su vida, una noche en la que se vaciará para morir al poco tiempo.

El caso de Galois es el opuesto al de Majorana, si al primero le traiciona la vida y ha de aprovechar unas pocas horas para dar forma, aunque sea a grandes trazos, a lo que su pensamiento ve, aquel ya ha visto y no quiere seguir, por lo que es el propio Majorana el que traiciona a una vida que presume imposible de vivir.

En ambos casos, no puedo imaginar el terror que se esconde detrás de los ojos ante lo que ha de llegar y las terribles decisiones que conducen a la desaparición.

jueves, 3 de enero de 2008

El año de la patata


Pues sí, 2008 es, entre otras cosas, el año internacional de la patata. A mí lo que me intriga es la etiqueta de "internacional", ya que pocas cosas pueden considerarse tan globales, aparte de la Coca-Cola, como la patata. Pero, años internacionales aparte, el nuevo año encierra ya toda una serie de expectativas que buscan que la sorpresa no aparezca por ningún lado. Llevo casi un mes viendo las infinitas listas de grandes eventos del 2008, los libros que vamos a leer, las películas que vamos a ver, los cacharros electrónicos que vamos a usar, cuál es el coche del año, la fiesta del año, el partido del año y el fiasco del año. Todas estas listas solapan con las correspondientes al año fenecido, y claro, entre lo que hemos hecho y lo que vamos a hacer, todo ya clarito y anotado, me quedan serias dudas sobre si vamos a hacer realmente algo.

Tenemos una necesidad casi patológica por preveer y resumir, por encauzar lo vivido y lo por vivir para que así nada nos perturbe. Yo, puestos a domesticar futuros, no paso de desear algunas cosas, tener tiempo para leer, para pensar, para cambiar de opinión, para sorprender y ser sorprendido, ... Y aunque la verdad es que soy algo miedica, quiero pensar que hay sorpresas a la vuelta de la esquina, que no sé los libros que voy a leer, ni las pelis que voy a ver, ni las músicas que voy a escuchar, que por no saber, no sé gran cosa de nada ni de nadie. En resumen, que el 2008 se presenta igual de incierto que los años transcurridos hasta él.

Bienvenido sea en todo caso este año bisiesto, año internacional de la patata y de la Tierra. A ver que tal.