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domingo, 13 de enero de 2008

Desapariciones


Acabo de terminar La desaparición de Majorana, de Leonardo Sciascia, en Tusquets. Ettore Majorana fue un brillante físico italiano, contemporaneo y colega de Enrico Fermi, que desapareció o se suicidió en 1938 dejando tras de sí múltiples interrogantes. Genio de la ciencia, le tocaron los primeros años del siglo XX en los que se re-inventó la física, y de paso, la realidad al completo. Majorana fue amigo de Heisenberg y Sciascia sugiere que pudo intuir hacia donde se dirigían los descubrimientos de la física en esos años de pre-guerra, hacia un horror nuclear del que él no quería ser complice. La maquinaria de la guerra no podía ser detenida y la posibilidad de que llegara a unos límites que ni tan siquiera pudieran ser imaginados puede que le llevara a desaparecer, para así no ser parte de esa conspiración contra la vida que fue la creación de la bomba atómica. Su mente privilegiada comprendió que la raiz de la creación en la que estaba inmerso, la nueva física, podía abrir posibilidades terroríficas, pero su obra era también su vida, las dos estaban unidas hasta el extremo de ser la misma cosa, por lo que dejar una implicaba dejar la otra.

Este librito tiene una capacidad de generar muchos ecos. En él aparecen desde consideraciones sobre el hacer de la ciencia, la raiz del genio creativo, los años del fascismo en Italia, el famoso proyecto Manhattan y sus implicaciones morales y, sobre todo, la oscuridad que rodea a su desaparición, cómo pudo planearla y cuáles pudieron ser sus razones.

En él aparece citado otro caso de desaparición, el del matemático francés Evariste Galois que murió a consecuencia de un duelo en 1832 a la edad de 21 años. La noche anterior al duelo, que Galois cree que será su fin, éste se la pasa escribiendo, con la urgencia del tiempo que se escurre, que no puede ser detenido, y al mismo tiempo, con la urgencia de contar en el papel los rasgos de su obra, de su pensamiento que sabe importante, de su vida, una noche en la que se vaciará para morir al poco tiempo.

El caso de Galois es el opuesto al de Majorana, si al primero le traiciona la vida y ha de aprovechar unas pocas horas para dar forma, aunque sea a grandes trazos, a lo que su pensamiento ve, aquel ya ha visto y no quiere seguir, por lo que es el propio Majorana el que traiciona a una vida que presume imposible de vivir.

En ambos casos, no puedo imaginar el terror que se esconde detrás de los ojos ante lo que ha de llegar y las terribles decisiones que conducen a la desaparición.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Ciencia en televisión


No se si tendrá que ver con el hecho de que este año 2007 ha sido el año de la Ciencia o no, pero lo cierto es que desde hace mucho tiempo no veía en televisión que se abordara lo científico más allá de noticias puntuales en los telediarios. Las iniciativas han sido variadas, y así tuvimos brevemente a Brainiac en Cuatro, tenemos Clever en Tele5 y hoy comienza a emitirse Tres 14 en la 2, así que sumamos muchas iniciativas y diversidad de enfoques. Quizá el espacio más popular que puede verse donde se trata la ciencia es la sección de Flipy, "el científico loco", tal y como lo llama Pablo Motos, en El Hormiguero (Cuatro). Esta sección es una de las más importantes del programa y en ella, al grito de "No es magia, ¡es ciencia!", siempre intentan acercar algún experimento de forma más o menos divertida.
Claro que, al ver como se manejan Motos y Flipy siempre me surge la misma pregunta: ¿Cómo debe abordarse la ciencia en televisión? Esta claro que el medio televisivo no tiene nada que ver con el método científico sino más bien es todo lo contrario: se busca lo espectacular, la explosión, lo inesperado. De hecho, en El Hormiguero, Motos siempre recrimina a su compañero Flipy la falta de ritmo a la hora de visualizar sus experiencias. El ritmo no tiene nada que ver con la ciencia, pero sí mucho con que la gente no se aburra de ver manipulaciones más o menos estrafalarias y cambien de canal. No se que pensar de estos intentos. En este último caso, lo que más me gusta es, curiosamente, lo más anti-televisivo: el fracaso. Las experiencias fracasan muchas veces, el fiasco nos espera a cada esquina, y esto es algo de lo que tenemos que ser conscientes. Si comparamos con aquellos momentos en los que aquellos que aparecen son magos haciendo sus trucos, podemos comprobar que éstos nunca fallan: la magia es una ficción, y como tal se ensaya mil veces hasta resultar creible. Así, el fracaso en los experimentos de Flipy nos dice que lo que se hace, o bien se ha hecho mal o se ha errado en su misma concepción. Por causas de tiempo, repetir o explicar lo que no ha salido no es posible y la sensación que así se transmite es más la de una chapuzilla que la de que el experimento no se ha ejecutado correctamente. La falta de tiempo, el ritmo, hace también que las explicaciones de los diferentes fenómenos estudiados resulten también muchas veces completamente incomprensibles, y aunque se logre el efecto buscado y la gente se asombre ante lo que ve, su misma falta de explicación lo convierte todo en una especie de truco más y no en lo que se busca.
Además, a veces sucede que se cometen en un programa o una sección científica, una de barbaridades, imprecisiones o simplemente, burradas, que dan mucho que pensar sobre sus guionistas.
La verdad es que echo de menos programas como el prehistórico 3, 2, 1, ... Contacto, tal vez por que al menos lo que se proponía era llevar a la práctica pequeños experimentos y aprender algo de ellos. Ahora somos meros espectadores y lo que se nos muestra lleva necesariamente un envoltorio brillante y llamativo por que con la simple curiosidad no es suficiente.
En fin, creo que, aunque estos programas no sean todo lo que deberían ser, al menos están ahí y muestran que hay mucho ahí fuera que nos es propio y que resulta interesante. Suerte a todos.


sábado, 27 de octubre de 2007

El sistema periodico


Pocas veces he encontrado libros que sean capaces de combinar el rigor de la discusión científica sobre un tema concreto junto con la belleza de la creación literaria. Son reglas distintas las que juegan en estos campos, la creación pura y la discusión clara y precisa para plantear y resolver problemas científicos. Pero a veces encuentras algo en un punto intermedio entre esos dos extremos, algo que posee belleza, rigor, una extraña comprensión.

Todo esto, junto con una visión del dolor y de las tragedias cotidianas y muchas cosas más se esconden en El sistema periódico, libro de Primo Levi editado por El Aleph. Levi, además de escritor fue químico, judio y superviviente de Auschwitz (historia ésta que contó en Si esto es un hombre) y además trabajó buena parte de su vida al frente de una fábrica de pinturas. En El sistema periódico, Levi repasa en un anecdotario-crónica, aspectos de su vida a la luz de su amor por la Química. Así, con el nombre de diferentes elementos nos encontramos engarzados historias de química, historias de Primo Levi, y la historia de su siglo y de sus terribles movimientos. También están presentes la fantasía y la creación, los recuerdos terribles y el paso del tiempo, las dificultades para abrirse paso en un mundo recién salido de la barbarie, enigmas planteados por la materia y sus trampas, el peso del dolor, lo infinito de la naturaleza humana y sus luces y sombras.

Un libro extraño, precioso, no un tratado de Química (aunque creo que debería de ser leído por los químicos), una suma de trozos de vida, que comienza con los gases nobles y recuerdos de los antepasados de Levi y su particular lenguaje y acaba con el carbono y una descripción magnífica de las raíces de la vida.

martes, 26 de junio de 2007

Contar la realidad. Descubrir la realidad.


Siempre me ha gustado leer libros sobre ciencia. Esta afición tan rara tiene su explicación en el entusiasmo que me transmiten a veces los autores de los buenos libros sobre ciencia. Ese entusiasmo se basa en el vértigo que me producen éstos, en la sensación de descubrimiento o re-descubrimiento, en las puertas de curiosidad que nos abren como el que no quiere la cosa, y en la maravillosa sensación que transmiten de novedad: todo lo que nos rodea es de repente más nuevo, más extraño, más apasionante. Al contar la realidad, nos la descubren con otros ojos, nos transmiten las búsquedas y luchas de aquellos que bucean en las tripas de las cosas, la formación de sus ideas y los triunfos y fracasos de nuestros intentos por comprender lo que nos rodea. No hay muchos autores ni muchos libros que me hagan sentir de este modo. Recuerdo en primer lugar Caos, de James Gleick, hace ya unos años. Y poco después, algunos libros de Ilya Prigogine sobre su forma de entender la ciencia y el mundo (En especial La nueva alianza). No me pasó, extrañamente, con el Quijote de la divulgación científica (esto lo digo por que se supone que éste es el libro que todos tenemos en casa, que se supone que hemos leído y que nos encanta): La historia del tiempo de Stephen Hawking. Paradigma del best-seller de / sobre ciencia que promete mucho más de lo que da (esto son manías mías ya que prefiero entender lo que me rodea a los misterios del Universo, aunque quede un poco raro decirlo así).
Esta sensación de vértigo la he vuelto a tener al leer Un universo diferente, de Robert B. Laughlin, editado por katz. A pesar de una traducción que chirria un poco, las ideas que transmite este libro son tan buenas que uno se vuelve a su alrededor para comprobar que lo que nos rodea, aun siendo lo mismo de hace un rato, ya no se ve con los mismos ojos. El lenguaje está exento de tecnicismos y lleno de imágenes que ayudan a comprender muchos de los temas de los que habla. Como todos los libros de divulgación, con este uno se siente a veces muy listo (cuando cree que entiende perfectamente de lo que le están hablando) y a veces un burro sin solución (cuando cree que no entiende absolutamente nada de lo que le están hablando). En mi opinión ganan los buenos momentos y por ello recomiendo (vaya osadía, si ya nos cuesta leer, cuánto más un libro sobre ¡¡Física!!) este nuevo universo que, mira por donde, ha resultado ser el de siempre sólo que contemplado con nuevos y curiosos ojos.

jueves, 10 de mayo de 2007

Sagrado=Secreto


Debería asustarme pero a estas alturas, asustarse no vale la pena. Digo esto por la noticia que leo hoy sobre un Museo Creacionista inaugurado hace poco en Petersburg, un pueblo de Kentucky, no por nada la tierra del pollo frito, en el que se explica "científicamente" la Biblia, donde el Génesis es tomado al pie de la letra como un relato de la historia del planeta y sus habitantes. Yo, la verdad, eso de mezclar ciencia y religión me parece una metedura de pata. Que cada cual crea lo que quiera (parece que algunos americanos, y europeos de la vieja tradición judeo-cristiana, y ahora fundamentalistas islámicos o de donde sea, se empeñan en poner a Dios hasta en la sopa), pero la religión se basa en un tipo de conocimiento "revelado", lo sagrado siempre tiene algo de secreto, bien por que según algunos nuestra cabecita no da más de sí para entenderlo, bien por que no nos han contado toda la información. La ciencia es otro tipo de conocimiento, elaborado según normas muy estrictas y con un enfoque sobre lo estudiado donde necesariamente, todos los cabos se han de atar, nada hay secreto y por lo tanto nada hay sagrado. Esto no lo digo yo, sino Jorge Wagensberg, físico, director del museo de la ciencia de Barcelona, y autor de dos libros que se llaman Ideas para la imaginación impura e Ideas sobre la complejidad del mundo (editados ambos por Tusquest ) en los que, aunque los títulos dan un poco de grima, cuenta muy bien su parecer sobre este y otros temas.
En fin, no se que será lo próximo pero mejor que Darwin no se entere.