sábado, 2 de junio de 2007

Expiación


Acabo de terminar Expiación, novela del inglés Ian McEwan que, entre otras muchas cosas, cuenta las dificultades de la propia redención. Hay novelas que yo clasificaría como morales, en el sentido de que en el centro de lo que nos cuentan se halla un problema precísamente moral. Sostiene Pereira, de Tabucci, se podría ceñir bien a este calificativo porque trata de cómo ese Pereira que da título a la historia tiene que tomar una decisión, y no cualquier decisión, no, sino una que se refiere a actos morales, aquello de diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. En Expiación, este punto de partida va más lejos por que uno de los personajes principales comete "un crimen", como él mismo afirma, crimen que necesita purgar, expiar, y para ello se impone a sí mismo la búsqueda de un posible perdón a los actos cometidos. McEwan no nos lo pone fácil con la novela por que, aunque a primera vista pueda parecer una de esas historias como las de antes, incluso con ciertos toques de culebrón (muy a la inglesa, eso sí), le da a la historia una estructura un poco desconcertante, y nos regala una conclusión que, según el talante de cada cual, puede considerarse como esperanzadora o terrible. Creo que es en esa mezcla de posibilidades está lo mejor de esta historia, en unos personajes que tienen tantas sombras como luces y con los que uno (al menos yo), no sabe muy bien con qué carta quedarse.
En mi caso, me quedo con un poco de melancolía (será que hoy lo veo todo medio vacio), por que el consuelo que propone no escamotea los filos de la realidad. Aunque he de decir que en esta historia hay muchas más cosas, desde un (sarcástico) retrato del British way of life y de las extrañas costumbres de los ingleses, hasta pinceladas sobre la segunda guerra mundial (la carnicería de Dunkerke) y una reflexión muy interesante sobre la creación literaria y sus límites. Además, el uso de la voz narradora es estupendo, preguntándonos en más de una ocasión quién es aquel que nos cuenta lo narrado y por qué elige hacerlo como lo hace. Una voz que también tiene trampa aunque el descubrirla nos lleva a plantearnos el sentido de lo que se nos ha contado.

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