lunes, 9 de julio de 2007

¿Quien vigila a los vigilantes?


Reconozco que mi acercamiento a Watchmen, el comic de Alan Moore y Dave Gibbons ha sido un poco oblicuo. No soy lector habitual de comics y el caso de Watchmen tiene que ver, al menos al principio, con el hecho de que esta historia parecía destinada a ser llevada al cine casi desde la publicación del comic a finales de los 1980's y pasó por un tenebroso quiero y no puedo de guiones, adaptaciones, cambios de director, sueño de los justos, y vuelta a empezar, durante no se cuanto tiempo. Cuando el proyecto de esta peli imposible se vinculó al nombre de Terry Gilliam, empecé a buscar información sobre la historia. Todo lo que encontré eran alabanzas al comic pero éste se encontraba descatalogado y no podía llegar más lejos. Seguí buscándolo en tiendas de segunda mano y nada, y al final lo encontré en la Biblioteca Regional, lo empecé apenas, me resultó curioso, me dije que tenía que leerlo y poco más.
Hace poco surgen noticias de que parece que la peli va finalmente adelante. Esto se lo debemos, entre otros, a un tal Zack Snyder que ha re-adaptado a George A. Romero y su Amanecer de los muertos, y luego se hace universalmente famoso con una peli ¡sobre un comic! En este caso 300, de Frank Miller. Bueno, la peli va para adelante, yo he leido y me he quedado enganchado a V de Vendetta, también de Moore, y Planeta re-edita Watchmen a la espera de que se venda como rosquillas como hizo 300.
Todo esto es el antes. Ya tengo el comic. Ya lo he leido. Y vaya comic. Moore crea una historia paralela de Estados Unidos donde existen héroes enmascarados inspirados por, precisamente, los superhéroes de los comics. Pero aquí los héroes tienen poco de súper y si de humanos (para ser un comic de superhérores solo hay uno de ellos, mientras que el resto personajes tienen múltiples contradicciones, son en algunos casos amorales, en otros violentos, y todos ellos convulsos), donde la violencia es el motor de todas las emociones y de todas las acciones, donde el miedo y la paranoia alcanzan niveles dolorosos y donde forma y fondo llegan a profundidades impresionantes. Hay tal cantidad de información, de juegos formales, de historias que se entremezclan, de significados, que la lectura te deja poco menos que exhausto. Además, la moral de unos y otros es tan retorcida como un dibujo de Escher, y de la misma forma que cuando uno contempla los grabados de este artista, nuestro punto de vista se ha de recolocar con frecuencia. Con personajes complejos, con una conclusión digna de pesadilla, algo rocambolesca, es verdad, pero a fin de cuentas efectiva, y con una visión negra (y llena de barras y estrellas) de Estados Unidos y su modo de ver las cosas, ésta es una de esas historias que te coge, te sacude y luego te pregunta si tienes algo que decir. Dividida en doce capítulos, algunos son sobrecogedores (como el dedicado al personaje Rorschach o el capítulo final), otros deslumbrantes (como el llamado El relojero), y todos con esa capacidad de fascinación que tienen muy pocas obras.

La historia acaba con la cita que encabeza este post, y da una idea de los interrogantes que se plantean Moore y Gibbons y que, entre otras muchas cosas, habla del poder y de decisiones que sería mejor no tener que tomar. Lo que da miedo, mucho miedo, es quién puede tomarlas y qué le lleva a ello.

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