domingo, 5 de abril de 2009

Silencio


De entre las series de televisión que he visto en los últimos tiempos, creo que no hay una que haga un mejor uso del silencio que Mad Men. En ella se retrata la vida de Don Draper, un ejecutivo de publicidad en una agencia de Nueva York durante los años 1960's. La serie está hecha con mimo y eso se nota en la forma en la que está rodada, en la elegancia que transmite, los detalles y una historia que va ganando densidad conforme avanza. El protagonista, Draper, es un canalla perdido que no sabe si busca algo o no pero que se encuentra muy incómodo en su propia piel. Es un triunfador a su pesar, brillante y confuso, padre de familia y opaco como una roca de la cual vamos conociendo, a través de algunas grietas, el camino que lo ha llevado hasta donde está.

En la serie, miramos a un pequeño mundo (la agencia Sterling Cooper), como espejo de la realidad de un pais y un momento en el que todo estaba cambiando. Los miedos, los modos, el estilo como arma arrojadiza, los movimientos en tierras movedizas de todos los personajes nos muestran la complejidad de unos tipos cercanos, machistas, leales, mindundis, tristes, bebedores y fumadores a tiempo completo, inseguros, terriblemente solos y sobre todo silenciosos sobre lo que realmente les importa por que, en esta historia, el silencio es el verdadero motor de la acción, un silencio estruendoso y lleno de miradas, gestos, movimientos que transmiten con violencia la naturaleza contradictoria de todas las cosas.

Acaba de terminar la segunda temporada y ya estoy echando de menos a esta gente que, sin armar ruido, cuenta muchas, muchísimas cosas sobre ellos y sobre cualquiera de nosotros.

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